Mujer

La veo jugar con la tierra; con la tierra que llega a sus orejas. Recogiendo en sus manitas lo que alcance del polvo rojizo, con sus piecitos que se confunden con esta tierra puntarenense y sintiendo el polvo en cada parte de su cuerpecito. El shorcito dejó de ser blanco y las flores de su camisa ahora son cafés.

Pero la quieren ver limpia, sentada y quietecita.

Noa tiene más pretendientes que dientes. Me preguntan que si ya le compré los trastes y que si papá está listo para espantarles, que con escopeta en mano debe celarle.

Siento enojo, frustración y dolor. El machismo se apoderó no solo de nuestros cuerpos sino de nuestras almas y nuestra cotidianidad.  Está en nuestros niños, nuestros jóvenes y nuestras mujeres. Está en la casa, en la escuela y en el trabajo. Se disfraza de protección y se confunde con amor.

El papá de Noa se pregunta cómo criar a una mujer en esta sociedad perdida, y me lo pregunto yo también. Qué hacer cuando ella quiera salir con sus amigas, viajar sola, cuando la desplacen sutilmente en el trabajo si se involucra con alguien agresivo o la escuche aconsejar a su amiga de quién abusan.

¿Cómo le explicamos que el ser mujer se ha convertido en sinónimo de peligro?

El diseño original era distinto. Fuerza espiritual, poder emocional, influencia, sabiduría, sensibilidad, valentía; todas ellas son femeninas.

Nos quisieron robar la libertad pero no sabían que ella no habita en cuerpos de carne sino en corazones sedientos de esperanza.

La veo a ella apasionada por esta tierra, asombrada de un pajarito, una hormiga y los toros; los monitos llaman su atención y se ríe con emoción.

Mientras juega con papá en el río, pienso y anhelo que pronto descubra que la libertad nació con ella.

By | 2018-05-02T16:02:38+00:00 mayo 2nd, 2018|Historias|0 Comments

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