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Mi lucha diaria

Ayer fue la primera vez que dormí sin el celular en la mesa de noche desde que lo tengo, hace 9 años aproximadamente. Me rehusaba a aceptar que tengo un problema de dependencia al aparato este. Pero creo que ya es suficiente.

¿Y qué tiene que ver esto con ser mamá?

Mucho. Tiene mucho que ver.

Por dos razones decidí comenzar esta travesía de alejarme del celular. La primera por salud emocional y sé que no hace falta mencionar lo dañino que ha sido esta revolución tecnológica para la salud, pero saber que se activa la dopamina cuando recibimos notificaciones creando a largo plazo una adicción se me paró la peluca. Y la segunda, porque quiero enseñarle a Noa a no ser dependiente como yo. Y claro debo empezar conmigo.

De verdad que los hijos nos hacen mejores personas.

Es realmente tentador calmarla con un video y es a la vez totalmente eficaz. Es un hipnotizador y tan fácil ceder a la tentación. Ya me había propuesto hacer lo posible para utilizar el cel como último recurso. Recuerdo en un viaje a Puerto Viejo, desde San José; tener que pasarme al asiento de atrás y cantarle, leerle un cuento, jugar a esconderme y, por último, ponerle videos de Super Simple Songs, ¡que son bellos! Es agotador.

Es difícil porque no se quita el celular y ya, sino, que se reemplaza. Por lo que me decidí a hacer un kit-anti cel portátil para andar en el carro; con crayolas, post-it’s, libro de historias pequeño, figuras de animalitos y tarjetas.

Porque ya es suficiente con los videos que ve con pita, tita, el tío y la tía.

El celular se reemplaza dando una vuelta en el restaurante mientras llega la comida, caminando por ahí en la espera de la cita, en un paseo al parque, haciendo una manualidad, siendo mi “ayudante” en lo que estoy haciendo, jugando, cocinando, leyendo, explorando…

Quiero aprender a disfrutar el momento real con gente real, atesorar recuerdos en mi memoria y en mi corazón. No les miento, a veces, quiero postear cada sonrisa que me saca, cada aventura que iniciamos, cada paso que da, quiero que el mundo sepa lo feliz que me hace; pero luego me pregunto, ¿para qué? ¿para contar los likes? ¿para sentirme aceptada? O ¿para que vean “que bien me va”?

Esta es mi lucha diaria, y no quiero eso para ella.

Quiero enseñarle a vivir en un mundo real, tangible, genuino. Que aprenda a observar, que vea más allá de lo que sus ojos pueden ver. Que admire el paisaje, que escuche la lluvia y que sienta la tierra. Quiero que disfrute del mar y la arena más que de la foto en la playa; y del silencio en la montaña sin que se lo cuente a nadie.

By | 2018-06-12T09:55:36+00:00 junio 12th, 2018|Historias|0 Comments

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