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Los días despúes

La esperaba con muchas ansias, algunas expectativas, algo cansada y un poco desesperada.

La quería conocer, mas no sabía el precio que iba costar. Quisiera afirmar que es fácil, indoloro y divertido; pero no. La realidad es que duele, en la mayoría de los casos duele.

El dolor no es solo físico, los días después se hace como un nudo en el corazón. No se porqué, pero es una sensación que jamás había sentido.

Papi me preparó una sustancia, una sopita de carne como le preparaba a mami tras cada uno de sus partos. Yo estaba frágil y vulnerable.

A pesar de contar con el mejor compañero de vida para esta aventura, yo necesitaba a mi mamá. Me desgarré y la sutura se complicó, creí que saldría caminando “como si nada” pero la verdad es que no podía ni sentarme. Me daba miedo hasta ir al baño y las palabras groseras de la doctora no dejan todavía de doler.

Los días después mami me enseñó a cuidarme, a enfrentarme a mi propia cicatriz y recordarme que todo iba a pasar, y que esto me hacía más fuerte.

Los días después, estaba confundida. Ella estaba aquí, fuera de mí, hermosa, pequeña y frágil. Dependiente de mí. Me dolían los pechos, la herida y el corazón. Nunca me había sentido tan vulnerable. No entendía como su nacimiento había causado tanto dolor. Me preguntaba si estaría dispuesta a escogerla después de lo vivido.

Lo bueno es que me di cuenta que no era solo yo cuando el médico me preguntó si me había sentido triste los días después. En ese momento mi esposo vio en mis lágrimas lo que estaba pasando en mi interior. Le conté que amaba profundamente a nuestra hija pero que estaba muy adolorida; mi cuerpo había sido manipulado, mis pechos se estaban transformando y mi corazón estaba enredado.

Como dice el Maestro Jesús: “en cuanto nace la criatura ella se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser”.

Los días después pasaron y las heridas sanaron; perdoné la negligencia y entendí que en la vida todo tiene un precio. Antes de ese día, no sabía lo que significaba padecer. Diecisiete meses después la siento al mamar, la veo jugar, la escucho hablar y le doy gracias por hacerme mamá.

Y les cuento que estamos esperando a que la vida vuelva hacer de mi útero un hogar.

By | 2018-06-25T14:07:42+00:00 junio 25th, 2018|Historias|0 Comments

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