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La pausa

Pausa. Suelto toda acción. Tomo una respiración profunda. Observo qué estoy despertando. Observo sin juicio.  

Las prácticas fuertes de yoga me encantan. Esas que nos hacen sudar y que al día siguiente alguna parte del cuerpo nos recuerda esa postura en especial que sabemos nos exigió y nos llevó, tal vez, hasta nuestro límite. Me gustan las sesiones donde se trabaja fuertemente el cuerpo físico y amo la satisfacción de lograr posturas nuevas y cada vez más desafiantes.

Sin embargo, después de años de práctica constante encontré en el yoga un gran camino de auto-observación, transformación y sanación que va más allá del movimiento y las posturas, y que muchas veces no le prestamos la atención que se merece: el descanso. 

Hoy, en cada práctica disfruto como nunca antes la pausa, la postura de niña o el savasana. Sin importar que tal vez físicamente no necesito ese descanso entre una serie de posturas y otra, he aprendido y sigo trabajando en tomarme el tiempo para simplemente observar cómo me estoy sintiendo, qué se está despertando en mí, qué instrucción me envía mi voz interior.

Es así como logro conectarme con mi parte emocional, mental, energética y espiritual mediante el trabajo físico. La pausa es la que da espacio para que estos cuerpos sutiles puedan iniciar o continuar con su proceso de transformación y asimilación. En el descanso encuentro claridad y una conexión con mi intención, acercándome cada vez más a mi propósito vital.

Lo mejor de todo, si llevamos esto fuera del mat nos damos cuenta que la vida funciona exactamente igual. Tomando una pausa en el momento más complicado del día, nos lleva nuevamente a nuestro centro y nos ayuda a tomar las mejores decisiones.

¡Que la práctica nos invite a tomar una pausa y re-conectar con el momento presente!

By | 2017-10-20T11:55:20+00:00 octubre 20th, 2017|Historias|0 Comments