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Cuando la culpa toca, me hago la loca

“La maternidad está llena de culpas”, me decía una amiga mientras conversábamos.

¿Cuánta verdad hay detrás de esta frase?

Me di la tarea de analizar mis “culpas”, lo escribo entre comillas porque hay culpas irracionales, impuestas, asumidas y están las que cada mamá considerará verdaderas

Recuerdo las primeras opiniones de la gente cuando sabían que estaba embarazada: “ahora debe comer por dos”.  Ya no solo estaba cuidando de mí, sino que de mí se estaba alimentando ella. El sentido de responsabilidad empezó a crecer junto con Noa.

El sentido de responsabilidad se acompaña de factores tangibles importantes, al contrario de la culpa que es solamente una sensación. Una sensación tan poderosa como destructiva. La que alberga culpa en su corazón, tarde o temprano la destruirá y se llevará con ella las alegrías y triunfos de ser mamá.

El culito quemado me tenía angustiada. Había hecho de todo lo que me habían recomendado las mamás más expertas. Me angustiaba aún más cuando alguna mamá emocionada de conocer a Noa, en el cambio de pañales me decía “¡Ay pero que quemadita! ¿Ya le hizo esto, y aquello? ¿No le estará dejando mucho el pañal?”. En la primera cita con la pediatra me aliviaron sus palabras “se nota que esto no es de descuido, hagamos exámenes de heces”.

La maternidad como la vida está llena de pequeñas pero importantes decisiones. Que si se extiende la lactancia o no, que si dormimos en la cama todos o no, que si van al kínder o se quedan en la casa, que si usamos coche o cargador, que si comen esto o aquello, que si llamo a la pediatra o espero… muchas opciones y todas con sus pros y contras. A veces quisiera que no haya opciones, o no tantas, o que decidieran por mí, que existiera una receta, pero entonces, ¿dónde queda el arte de criar? ¿Dónde queda la libertad?

He aprendido a asumir la responsabilidad antes de sentirme culpable. A prever situaciones, pero no controlarlas. Y que cuando la culpa toca, me hago la loca. Recuerdo haberle anticipado a mi esposo que Noa eventualmente se iba caer, en su cuidado, en el mío y en el de alguien más. Sonaba obvio, pero igual de obvia la tentación de buscar culpables. Acordamos no promover entre nosotros el sentimiento de culpa por el bien de los tres.

Asumir la responsabilidad ha sido guardar mi corazón. Me ha hecho asumirme como mujer, adulta y mamá. Cuando me informo, medito, oro y consulto, me siento en la libertad y confianza de tomar decisiones cotidianas pero valiosas.

Me entristece que la maternidad esté llena de culpas, lo he vivido, lo leo y escucho historias de mamás. He visto mamás culparse, he visto hijos e hijas culpar a sus mamás. Un sentimiento inevitable cuando la responsabilidad de criar es trascendental. Pero no es justo, no es justo seguir culpando cuando cuidar y criar fue basado en el amor, pensando que eran las mejores decisiones.

La maternidad no es perfecta porque no somos perfectas. El pasado nos ha dañado, nos ha herido y ha distorsionado la esencia del amor. Creemos que amar es controlar, que lo perfecto es lo correcto y que dar sin medida es afecto.

Cuando la culpa toca, me hago la loca. Porque nada hago sintiéndome culpable pero mucho hago asumiendo la responsabilidad. Pido perdón y me perdono, me libero de la culpabilidad y abrazo la libertad.

By | 2018-05-22T10:09:18+00:00 mayo 22nd, 2018|Historias|0 Comments

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